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Un Rurouni Para tus Pensamientos

un fanfic de Rurouni Kenshin
por Information Specialist

traducido al español por Azur

Rurouni Kenshin y personajes mencionados en este texto son Copyright © Nobuhiro Watsuki.


Capitulo 9: Abandonado en la Oscuridad


Saitoh sonrió en son de burla al ver el grupo retirarse de la habitación. Pero al ver a la chica frente a él, se le fueron todas las ganas de reírse. Era más que evidente que ella había pasado por momentos muy malos recientemente.

—Supongo que se encontraron contigo —preguntó Saitoh retóricamente.

—Sí —respondió Kaoru incómodamente.

—Se suponía que ellos debían ser atrapados antes de que causaran más daño...

—Bueno... —Kaoru no supo como contestar a esto, así que no lo hizo.

—¿Qué quieres de mi Saitoh-san?

El la miró y respondió.

—Tú sabes perfectamente lo que yo quiero...


Sanosuke sentía enfurecerse más y más a cada segundo. Pensaba en como Kaoru los había echado de la habitación para poder hablar a solas con Saitoh. Ese pensamiento solo le provocó golpear el piso de madera, generando un nuevo agujero.

—Sabes que después tendrás que arreglar eso... —Sano miró a Yahiko, y su puño volvió a estrellarse contra el piso en un fuerte golpe, mientras sus nudillos se hundían entre astillas.


Saitoh estaba tratando de preguntar lo más delicadamente posible como era para un viejo lobo como él, pero estaba perdiendo la paciencia rápidamente. Hasta ahora, no había podido averiguar nada que le fuera útil para atrapar a su presa.

—Concéntrate en los detalles, como cuántos eran ellos, o cómo lucían...

—Lamento no poder ayudarte con eso —interrumpió Kaoru—. Estaba oscuro, y tenía los ojos vendados.

 

Matón #1: "Aquí estás, perra. Vas a desear no poder ver". Desata las vendas de sus ojos y revela una habitación muy oscura.

 

—¿Qué te dijeron? ¿Algo sobre la guerra, o por qué están atacando a determinados miembros? ¿Alguna razón por tal rencor contra tu padre?

 

Matón #2: "¡¡Maldita perra Kamiya!! ¡¡Tu padre fue un maldito traidor, un hipócrita!!"

Golpea a Kaoru en el rostro con mucha violencia, pero aunque ella intenta pelear, otro la sujeta por detrás.

 

—No dijeron nada respecto a eso.

—¿Mencionaron algún tipo de líder o jefe?

 

Matón #3: Golpea a Kaoru fuertemente en el estómago. El matón #1 finalmente suelta a Kaoru, y la lanza contra el suelo. Ella se revolvió en el piso, tosiendo e intentando respirar. Varias sombras amenazantes se fueron sobre ella.

Matón #1: "Si, ¿por qué no? Moryo dijo que mientras se la llevemos con vida, podemos hacer con ella lo que queramos. Y estoy pensando en aceptar su oferta."

Matón #2 (riéndose maliciosamente): "Si el quiere tener el placer de matarla con sus propias manos, nosotros no lo vamos a privar de eso..."

Matón #1: "Por lo menos nosotros la tuvimos primero..."

 

—No, no mencionaron a un líder.

Saitoh la miraba impaciente.

—Escucha, yo soy un hombre ocupado, así que voy a ser muy claro. Yo vine por respuestas. Si tú continuas haciéndome perder el tiempo, me veré forzado a usar cualquier medio necesario para encontrar a esas personas, aunque eso signifique exponerte al peligro.

Saitoh observó como Kaoru se sentó cuidadosamente y en silencio.

—Bueno...


Al fin. Se está yendo. La tensa musculatura de Sano se relajó un poco al momento en que Saitoh se perdía de vista. Miró a Kaoru, que permanecía al lado de la puerta. Ella miró a todos y forzó una sonrisa.

—Saitoh se encargará de todo. El asunto ya está resuelto —giró su cabeza hacia el cielo. Había sido una noche muy larga, y el sol estaba ahora apareciendo por el horizonte.

—¿Qué les parece si desayunamos juntos? —preguntó ella sin moverse o quitar los ojos del cielo. Sanosuke, Yahiko y Megumi la miraron preocupados, tratando de averiguar si ella había enloquecido, o si estaba hablando en serio. Kenshin simplemente se perdió observándola. Y a pesar de que los primeros rayos dorados del sol aparecían sobre el horizonte, él sintió un tremendo escalofrío. El asunto estaba lejos de ser resuelto. Lo que supo esa noche sobre el padre de Kaoru era completamente diferente a lo que alguna vez pensó. Sintiendo absoluto dolor dentro de él, se preguntó si alguna vez las cosas volverían a ser como eran antes, y si ella volvería a ser como era antes.


Dos días después, Kenshin aún no podía animarse a hablar con Kaoru. Aunque ella tampoco se había mostrado muy comunicativa con él que digamos. Pero ella parecía estar haciendo un esfuerzo por regresar a su antigua rutina de todos los días. Excepto por una cosa. No podía lograr que Yahiko volviera a entrenar con ella. El entrenaba bajo su supervisión, y lo hacía tanto como ella le indicaba, pero se rehusaba inflexiblemente a practicar con ella. Pero como ella tampoco se sentía de lo mejor, no presionó demasiado. Sano se mantuvo prestando atención al dojo y notando cada cambio. Pero lo que más lo molestaba era que Kaoru parecía estarse abriendo un poco con todos, menos con Kenshin. Sano deseaba poder admitir que Kenshin realmente merecía ese trato frío que ella le daba, pero eso no le alegraba para nada. El quería que esos dos estuvieran juntos.

Estaba sentado en su casa, pensando en eso, cuando entró Yahiko, luciendo muy deprimido.

—¡Hey! ¿Qué tal, Yahiko?

El niño entró y se sentó a su lado.

—¿Puedo quedarme aquí contigo por un tiempo?

—¿Por qué? ¿Sucedió algo? —preguntó algo alarmado. Yahiko negó con la cabeza.

—¿Entonces qué pasa?

—Es que es muy deprimente estar con esos dos. Kenshin está tan callado... Más que lo usual, eso es lo que quiero decir —agregó cuando Sano lo miró con cara de duda.

—Y Kaoru, a pesar de que ella no dice mucho tampoco, cuando ve que la estoy observando, me sonríe, como si tratara de hacer que todo sea como solía ser. Pero, pero... —Se detuvo, incapaz de decir las palabras en voz alta.

—Las cosas no son como eran, ¿verdad? —afirmó Sano.

Yahiko giró hacia el con ojos tristes y problemáticos.

Esa expresión nunca debería pertenecer a un niño de 10 años... pensó Sano.

—Sanosuke, Kaoru y Kenshin ni siquiera se hablan. Extraño como solíamos ser antes... como una familia.

—Así que por eso es que no quieres estar ahí. Porque, viendo como Kaoru es ahora, te hace extrañar la forma en que ella era antes.

Yahiko dejó de pensar. Antes, se estaba sintiendo inseguro acerca de por qué no quería estar en el dojo. Pero las palabras de Sano tenían sentido. Pero esa no era la única razón...

El quería contarle a alguien como había golpeado a Kaoru, como había querido herirla. Pero estaba tan avergonzado por lo que había hecho. Se tragó un sollozo que nacía de su pecho, y le respondió a Sano.

—Sí.

Sano entendía perfectamente como se sentía Yahiko. Además, el mismo se sentía de la misma manera sin siquiera vivir con ellos en el dojo. Pobre niño.

 

—¿Qué te iba a decir? Sí, ¿qué te parece si almorzamos en el Akabeko? Puedes ayudarme a decidir de que forma voy a lograr que Kenshin y Jo-chan estén juntos. ¿Qué te parece?

Estaba funcionando, una pequeña sonrisa apareció en el rostro del niño. Sano agregó casualmente:

—Además, podrás ver a Tsubame. Ustedes no se han visto por un tiempo, ¿verdad?

Yahiko negó con la cabeza. Y Sano, incapaz de resistirse, continuó:

—Ten cuidado amigo, o alguien te la puede robar.

Esta afirmación hizo que Yahiko que tirara del cabello, algo que no había hecho hace algún tiempo. Sano sonrió, contento de poder hacer sentir un poco mejor al mocoso. Cuando finalmente pudo sacar a Yahiko de su cabello, se encaminaron hacia el Akabeko en silencio. Yahiko se sentía más feliz de lo que lo había hecho en mucho tiempo.


Megumi se estaba enloqueciendo de preocupación. No había estado en el dojo desde su... no desde la reunión de Kaoru con Saitoh. La clínica estaba saturada de pacientes. Era irónico como ahora, cuando necesitaba tiempo libre, no lo tenía. Lo que era peor era que tampoco había visto a Sano. Habría deseado que él se diera una vuelta por la clínica y que le contara las últimas noticias del dojo. Desearía poder pedirle a Genzai-sensei por un descanso, pero sabía que era imposible que él solo pudiera manejar tantos pacientes. Para empeorar el asunto, él se mantenía preguntando por Kaoru y por qué no lo había visitado recientemente. El parecía herido y Megumi sospechaba que se sentía como olvidado, porque Kaoru solía visitarlo casi todos los días. El quería visitar el dojo, pero Megumi intervino rápidamente diciendo que Kaoru estaba muy ocupada limpiando y enseñando en otro dojo. Ella le dijo todo excepto la verdad. Ayume-chan y Suzume-chan también extrañaban a Kaoru, pero eran más fáciles de convencer y contentar. En lugar de enviarlas al dojo, Genzai-sensei las enviaba al Akabeko donde Tae-san o Tsubame podrían cuidarlas. Estaban acostumbradas a almorzar allí cuando no había tiempo para cocinar para ellas, por lo tanto todos los que trabajaban allí estaban familiarizados con ellas. Especialmente Tsubame. Ellas solían decir que ella era linda y que les contaba muchas historias. Y también jugaba con ellas cuando tenía tiempo. Megumi planeaba ir a agradecerles a Tae y a Tsubame por cuidar a las niñas.

Parece que no tendré tiempo de hacerlo por ahora... pensó mientras observaba la larga cola de pacientes que esperaban ser atendidos.


Kenshin estaba colgando la ropa cuando vio un movimiento por el rabillo del ojo. Era Kaoru, practicando en la esquina más alejada del patio, oculta tras una gran árbol. Debe estar practicando. No hacía una semana desde que ella había sido asaltada y allí estaba, practicando lo que parecía ser un movimiento difícil... En realidad, Kenshin nunca había visto ese movimiento. El observaba a Kaoru mientras practicaba, simplemente porque la diferencia de los estilos le interesaba, y la había visto entrena a Yahiko muchas veces pero... Estoy seguro que nunca antes había visto ese movimiento.

Intrigado, Kenshin dejó lo que estaba haciendo y se acercó un poco para tener una mejor vista. Todo lo que pudo ver desde donde estaba era que los movimientos eran muy lentos, precisos.

Le recordaba al estilo del agua de Aoshi usaba. No solo porque era igual de lento, sino porque sintió la misma mortal tranquilidad que sintió cuando vio la técnica de Aoshi. Con todo, era diferente. ¡No! El árbol no me deja ver. El se movió un poco, pero cuando lo hizo Kaoru terminó y se encaminó hacia el baño. Kenshin suspiró decepcionado. Si las cosas fueran diferentes, él habría simplemente ido hacia Kaoru y le hubiera preguntado por esa técnica. Pero Kaoru no quería nada con el. Fue evidente en cada cosa que hizo. Recordaba como había regresado a la habitación sentándose frente a Saitoh sin siquiera mirarlo. El trató de acercarse a hablar con ella pero ella solo le sonreía y se retiraba sin decir nada. Pero sus ojos mostraban todo menos una sonrisa. Tenían una mirada salvaje, una mirada llena de ira. Incapaz de soportar ese cambio, él comenzó a evitarla, tanto como ella a él. Solía recordar cuan cálidos, interesantes y delicados eran los ojos de Kaoru y se preguntaba si de alguna forma, además de lo ocurrido, él era culpable de un cambio tan repentino. Sobre todo no podía dejar de pensar en el padre de Kaoru. ¿Por cuánto tiempo supo Kaoru que su padre había sido un hitokiri? Si ella lo sabía, ¿por qué no le dijo nada? Pero había una pregunta que, por más que trataba de ignorar, más pensaba en ella. Daba vueltas y vueltas en su cabeza mientras tendía la última ropa. ¿Habría conocido alguna vez al padre de Kaoru? Y si lo hizo, ¿habría sido bajo circunstancias violentas? La posibilidad de que eso hubiera sucedido lo asustaba tanto como el pensamiento de perderla.


Kaoru se deslizó lentamente dentro de la bañera, maldiciendo en sus pensamientos al sentir el agua caliente hacer contacto con su piel azotada. Miró hacia otro lado disgustada. No todos los golpes habían sido lo suficientemente fuertes como para romper las piel. El primer par habían sido más suaves que el resto, y a pesar de que no iban más allá de la piel como los otros, estaban inflamados, y la sangre se acumulaba a su alrededor . La fina piel que cubría las áreas inflamadas estaba muy sensible y se rasgaba con dolorosa facilidad.

Al menos ya obtuvieron lo que querían. Me dejaran en paz por ahora.

Tomando un profundo respiro, terminó de deslizar su cuerpo dentro de la bañera. Lágrimas de dolor escaparon de sus ojos terminando en la bañera. El agua comenzó a teñirse de un color rosa pálido porque la sangre seca de las heridas se estaba disolviendo en la tibieza del agua. Algunas cortadas comenzaron a sangrar lentamente pero sin detenerse. Kaoru cerró los ojos al sentir el agua quemándole la piel. Trató de pensar en algo que la distrajera pero solo un pensamiento vino a su mente.

Gracias a Dios que no vieron todos los golpes.

Megumi solo había revisado sus costillas, solo había visto las heridas que estaban alrededor y nada más.

Gracias a Dios... nada más...

Estos fueron sus últimos pensamientos antes del que dolor se apoderara de ella.

 


Después del almuerzo, y después de que Yahiko se hartó de escuchar a Sano molestarlo con Tsubame, que no estaba en el Akabeko, el par salió del lugar. Dirigiéndose hacia el dojo.

—Y Yahiko, ¿ahora estás bien? Pensé que ibas a ponerte a llorar cuando nos dijeron que Tsubame había salido con Tae.

—¡¡¡SANO!!!!

Sanosuke sonrió mientras se tapaba los oídos ante tan ensordecedora respuesta.


Kaoru despertó temblando una hora después. El agua se había enfriado y se sentía helada hasta los huesos. Temblando, comenzó a secarse con mucha cautela. Cuidando especialmente de no rozar las heridas. Después vendó cuidadosamente sus costillas, inhalando lenta y profundamente. Pensó de nuevo en el ultimátum que Saitoh le había dado. Habiéndose rehusado a decirle lo que él quería saber, él amenazó con detenerla. Sabía bien que entre Kenshin y Saitoh habían muchas diferencias, y también sabía que el solo hecho de que existieran más podría provocar que se sucediera una nueva pelea a muerte entre esos dos. Ella le ofreció una alternativa: el hombre que la había atacado, había planeado capturarla, y sin lugar a dudas, lo intentaría de nuevo. Ella aceptaría actuar como carnada para lograr atraparlos, siempre y cuando Saitoh no le dijera nada a Kenshin sobre el asunto. Escuchando eso, Saitoh sonrió.

—Así que temes involucrar a Battousai en todo esto, porque sabes bien que si él lo supiera no estaría de acuerdo.

—No hay razón para que él se involucre, no tiene nada que ver con él —se defendió ella.

—Ya veo. ¿Y lo decidiste antes o después de que él te rechazara?

Kaoru sintió revivir todo ese momento de nuevo. ¿Estaba ahí? pensó, sonrojándose de vergüenza y rabia. Viendo su reacción, Saitoh había sonreído, descartando el asunto y aceptando finalmente la propuesta.

Debo irme pronto. Cada día que pasaba allí, exponía al dojo a ser atacado. Debo irme esta misma noche. Se cambió de ropa, poniéndose un fresco kimono que había traído con ella, y luego peinó rápidamente su cabello. Pero aún las palabras de Saitoh retumbaban en su mente.

—¿Qué pasará con Battousai?

¿Que parará con Kenshin? ¿Qué le voy a decir? El no puede averiguar esto, o si no tratará de detenerme. Y si lo hace, lo más probable es que yo acceda.

Imaginó a Kenshin, utilizando palabras serias y voz preocupada para convencerla de no hacerlo. Si en una oportunidad, él la detuvo, sin importar cuanto se había esforzado, ahora no sería capaz de ignorarlo. Ese era un efecto que él tenía sobre la gente. Especialmente sobre ella. Su frente se arrugó ante tal pensamiento, y su expresión se endureció.

No voy a exponerme a una situación que se que no puedo controlar. Me iré sin decirle nada.

Ahora que se había puesto de acuerdo en lo que debía hacer, se debería haber sentido mejor, pero no, simplemente se sintió vacía. Volvió a cepillar su cabello, pero esta vez lo hizo con tanta fuerza que casi se lo arranca del cuero cabelludo.


Megumi pudo escuchar a Genzai-sensei hablando gentilmente con Tsubame en la otra habitación. Esta era la tercera vez en la última semana. Nunca supo de que se trataba la enfermedad de Tsubame, y aunque había pensado en preguntarle al doctor seguía olvidándolo a causa de todo lo demás que venía pasando. Ahora que los otros pacientes finalmente se habían ido, vio la oportunidad que esperaba, fuera de la habitación.

—Tae-san, he notado que esta es la tercera vez que Tsubame ha venido esta semana. ¿Qué sucede? ¿Está enferma?

—No exactamente, Megumi. No sé que pasa con ella. Varios días atrás la envié a casa temprano, mientras yo cerraba el restaurante. —Ella suspiró arrepentida.

—Desearía no haberlo hecho, pero había dos tipos ebrios peleando, y no quería que Tsubame-chan estuviera allí si se ponían más violentos. De cualquier forma, cuando llegué a casa, ella no estaba. Esperé un rato, pero cuando no apareció, salí a buscarla con algunos de mis empleados. La buscamos casi hasta la noche, cuando finalmente decidí regresar a casa en caso de que hubiera vuelto. La encontré ahí, acurrucada en los escalones de la puerta principal, completamente dormida.

—¿Dónde estaba? —preguntó Megumi.

La otra mujer sacudió la cabeza de mala gana.

—No tengo idea, ni ella tampoco. No recuerda nada. Es por eso que la estoy trayendo aquí. Pero Genzai-sensei dice que si ella no comienza a recordar pronto, es probable que nunca lo haga. Es tan extraño.

Esto es extraño... pensó Megumi. ¿Por qué estas niñas están desapareciendo un día y regresando al siguiente? Excepto que Kaoru estuvo desaparecida más tiempo que Tsubame-chan... y también estaba herida...

—Tae-san, ¿estaba herida de alguna forma?

—No —contestó sorprendida—. ¿Por qué preguntas?

—Por nada...

En ese momento la puerta se abrió, y Tsubame salió, luciendo muy triste y frustrada. Genzai salió tras ella, negando con la cabeza.

—Nada, no pude ayudarla a recordar nada. Parece que nunca averiguaremos que fue lo que pasó. Mi consejo sería que tratara de olvidar todo lo sucedido. Tal vez cuando su mente se relaje, los recuerdos acudan a ella libremente.

Tal vez... Megumi no podía sacudir el pensamiento de que lo sucedido con Tsubame, su amnesia, de alguna forma estaba relacionado con lo sucedido a Kaoru. Solamente, deseaba poder respaldar esta sensación, de otra forma, no había razón para siquiera considerar esa posibilidad.


Kenshin había comenzado a ponerse nervioso hacía como una hora, cuando Kaoru aún no salía del baño. Ahora se sentía mal del estómago por la ansiedad. Primero, se sentó en el patio a esperarla. Después decidió hacer algo útil, y comenzó a barrer. Finalmente, él solo caminó por los alrededores. Ahora, decidió que ya era suficiente. No le importaba si Kaoru lo estaba evitando o si no quería hablarle. Él iba a cerciorarse que ella estaba bien. Se dirigió hacia el baño, subió los escalones y golpeó la puerta. Ella no contestó. Temiendo lo peor, abrió la puerta y entró.

 

Fin del capítulo

 

 
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Ultima actualización:  16/12/01