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¿Una Maldición?

un fanfic de Ranma ½
por Akai

Ranma ½ y personajes mencionados en este texto son Copyright © Rumiko Takahashi


Capítulo 1: Un Aura muy Extraña


Es una noche fría, pero para más de uno, eso no tiene mucha importancia. Ese es el caso de ella, que sale a correr todas las noches. Así ha sido siempre, desde hace ya mucho tiempo. Tiene que mantenerse en forma, no puede darse el lujo de perder, como sucedió hace tiempo; recuerda que todavía tiene tres contendientes. Sin embargo, ella no va sola; una sombra la va siguiendo, pasando desapercibida.

—Es el momento, está sola. —La misteriosa sombra se acerca sigilosamente. La sorpresa siempre es la mejor de las aliadas.

Entrenar, ella sabe que a cada momento surgen combatientes, buenos combatientes, que la retan a duelo por diversas cosas: por él, su hogar o una vieja apuesta o malentendido causado por los padres; al final ellos siempre tienen que arreglar el asunto. Uyy, qué desconsiderados, piensa mientras acelera el paso.

La sombra acelera de igual forma, prepara su emboscada. Hoy nadie la podrá salvar y así continuará con su venganza.

—Sólo un poco más —susurra para sí—, y serás mía...

—¡Akane!

—Eh, ¿quién...? —Voltea la sombra, verdaderamente sorprendida—. ¡Tú!

—Akane, espera.

—¿Qué pasa, Ranma? ¿Por qué vienes tan apresurado?

—Te estamos buscando. Pasó algo, ven conmigo a casa.

—¿Qué sucedió?

—Son nuestros padres, tienes que venir conmigo.

—¡Oh, no! Vamos, corramos, Ranma.

—¡Tú! —dice la sombra con notable desprecio—. Le habíamos perdido la pista a tu padre desde hace mucho... pero esto es genial, ya no tendré que seguir buscando más. Ja, ja, ja. Llegó el fin de todos ustedes. Ja, ja, ja.


Jusenkyou—Bienvenidos a Jusenkyou, el lugar Legendario de Entrenamiento. Aquí se ha entrenado desde tiempos memorables, por ello...

—¡Vamos, Papá!

—Espero que estés preparado, Ranma.

—Ah, honorables huéspedes, ¿qué están haciendo? Si caen en un estanque, algo terrible ocurrirá....


—Saotome Genma, te he seguido hasta aquí. Sé que eres uno de ellos, así que de acuerdo a la ley, debes ser eliminado. Quizás no sea necesario matarte, pero debes quedar incapacitado. —La misteriosa voz tosió y el cuerpo a la que pertenecía descansó—. Esperaré a que termines tu entrenamiento, pero ni aún así me derrotarás. Eres afortunado, entrenas a tu hijo.

Trás murmurar esto, se durmió. Y, delicadamente, le cubrieron con una manta.

Al despertar, vio a su alrededor y descubrió que su acompañante no estaba. Se paró precipitadamente y no vio a nadie.

 

 

—Maldito Saotome, cómo pudiste...

—No te preocupes, Papá, aquí estoy. No sé que pasó, pero creo que finalmente podremos cumplir nuestra tan anhelada venganza.

—Tú eres... mi hijo, pero si tu...

—Lo que halla pasado no importa —interrumpió—. De ahora en adelante podrás entrenarme, como era mi derecho de nacimiento.

—Tienes razón, hijo. Vámonos. —Levantaron su campamento y anduvieron. El más viejo miró hacia Jusenkyou.

—Por ahora te has salvado Saotome, pero prepárate y entrena bien a tu hijo, porque la próxima vez no te escaparás, ni tu ni nadie.


—Pero, ¿qué me pasó?

—Wua-Wua. —¿Por qué soy un panda? leía un cartel.

—Les advertí que los estanques estaban encantados; ya ven lo que les pasó.

—Pero el guía no había visto todo lo que había pasado.


Tendou Doujou

Lunes. Amanece en la casa de la familia Tendou; parece una mañana como cualquier otra, siempre con la misma rutina.

—Ya está el desayuno.

—Mmhh, qué hambre tengo. Vamos Saotome-kun —dijo entusiasmado Tendou.

Está bien.

Todos se sientan a la mesa, cada mañana es igual.

—Itadakimasu.

—Oye, eso es mío —dijo Ranma, enfrentándose a su padre—. Dame eso.

Ambos se pararon y comenzaron su acostumbrada pelea.

—Ay, ya van a empezar esos dos —dijo Akane, apresurándose a comer.

—No te preocupes, Akane, siempre es así.

—Bien, Ranma, veo que has mejorado gracias al entrenamiento que te ha dado. Ya eres digno de ser mi sucesor.

—Pero no por ello te tienes que comer mi comida —dijo Ranma, impulsándose en un árbol para, así, poder dar una patada, la cual es bloqueada por Genma con un brazo, mientras que con el otro suelta un golpe al pecho de Ranma.

Con ataques y contraataques, la batalla parecía que no iba a llegar a un fin. Es como si realmente ésta fuera una prueba para Ranma, en su legado como único heredero de Musabetsu Kakutou Ryuu. Todos estaban atónitos ante esa situación.

Un viento frío, como si algún ente maligno y poderoso se acercara. Akane fue la primera en reaccionar: sintió lo gélido del viento, anormal a principios de Julio, salió de su ensimismamiento y se dio cuenta de la hora.

—Aaah, ya es tarde. Nabiki, Ranma, ya son las 8:45.

—Eh, ¿qué? Oh no, vamos a llegar tarde —dijo alterada Nabiki, saliendo apresurada de casa.

—¡Ranma! Vamonos, ya es tarde —gritó Akane, pero Ranma estaba tan concentrado que ni se inmuta. No podía dejar pasar la oportunidad de confirmar los límites de él y su padre—. Uuy, no me escucha.

Bien, Papá, por fin me das la oportunidad de demostrar de lo que soy capaz, pensó Ranma. Se que soy más fuerte, pero tengo que pelear en serio contigo, para probártelo. Ahora...

—Yaaah, ¡está fría el agua! Akane, ¿por qué hiciste eso? —dijo furioso Ranma—. ¿No ves que es mi oportunidad de demostrarle a mi Papá que...?

—Lo único que vas a demostrar es tú velocidad, porque ya son casi las 9:00 y Hinako-sensei no lo tolerará —dijo Akane, saliendo corriendo.

—Wuar-wua.

Ranma dejó a su padre convertido en panda, jugando con una llanta, tomó su mochila y salió corriendo atrás de Akane.

El viento frío se volvió a sentir. Ranma alcanzó a Akane y corrieron los dos juntos. De repente, se quedaron parados, sintieron como si algo pasara, algo malo.

—¡Vamos, Ranma! —dijo eufóricamente Akane.

—No, algo malo pasa. Siento que algo no está bien, tengo que saber qué es.

—Yo también, pero... —A lo lejos se oyó la campana—. Ya es tarde. Bueno, ya no llegamos a tiempo; Hinako-sensei se enfurecerá. Regresemos, no quiero llegar tarde.

—Saotome Ranma...

—No asistió, maestra.

—Tendou Akane.

—Tampoco vino.

—¿Qué? ¿Los dos? ¡¿Por qué, por qué, por qué?! Uayy, me las van a pagar; seguro se fueron de paseo y no me llevaron, buaa, buaa.

—¿Hinako-sensei? Está bie...

—¡Happou-go-en-satsu! —gritó Hinako, dejando sin energía a sus alumnos—. Fun, ya verán...

—Espera, Akane. Tenemos que saber qué es esa aura maligna que hemos estado sintiendo.

—Tal vez no sea nada —dijo Akane, con cansancio y desnaturalidad, ya que ni ella creía sus palabras.

De pronto, sin siquiera una nube como aviso, comenzó, en un principio livianamente, a llover, volviéndose cada vez más y más recio, hasta convertirse en casi una tormenta.

—Oh, no. Lo único que me faltaba, pero que mala día, convertirme en este preciso momento en mujer —dijo Ranma, al momento en que comenzaban a correr hacia casa.

En camino a casa, aunque iban en silencio, no se les quitaba de la mente aquella extraña sensación. Al llegar, encontraron que Nabiki tampoco había llegado a tiempo, por lo cual tuvo que regresar a casa, también.

—Tadaima.

—Okaerinasai —dijo recibiéndolos, Kasumi—. Akane, Ranma, veo que ustedes tampoco llegaron a tiempo. Bueno, será mejor que se sequen o van a pescar un resfriado.

—¡Akane, Ranma! —El Maestro Happosai se abalanzó sobre Ranma, que rápidamente cubrió a Akane del pervertido maestro.

—Venga, viejo rabo verde —dijo Ranma, agarrando al maestro—, quiero preguntarle algo.

—Sí, claro, pero con la condición de que modeles esto para mí. —Y saco un sujetador rosado, que le tendió a Ranma.

—Viejo pervertido, usted no tiene remedio —indicó airadamente Ranma, y el maestro Happosai salió volando por los cielos.

La mañana pasó lentamente, era extraño que se hallaran todos en casa. Aún así, el silencio era penetrante. Genma (en forma de panda) y Soun se entretenían jugando Shogi, Kasumi se matenía ocupada con las labores de la casa, con ayuda de Nabiki, mientras que Akane se ocupaba de sus labores escolares. Ranma practicaba en el Doujou y el maestro planchaba su colección. Afuera seguía lloviendo, parecía que nunca iba dejar de llover.

Cuando Ranma se estaba bañando ensimismado en sus propios pensamientos. Aunque Akane diga que no es nada, yo sigo creyendo que algo malo va pasar. Parece ser que la lluvia se debe a eso, no hay ninguna nube, reflexionaba Ranma. Al terminar, Ranma salió y se encontró con Akane que también reflexionaba.

—Ah, Ranma, sigues sintiendo lo mismo.

—Sí, no ha cesado ni un momento. Lo raro es que parece que sólo lo sentimos nosotros, porque ni tu Papá ni el mío se han puesto nerviosos.

—Tienes razón, pero si le preguntamos al maestro...

—Ya ves lo que pasó hace rato: le quise preguntar y salió con sus juegos.

—Bueno, bueno. Quizás ahora se encuentre más tranquilo. Además cuando le quisiste preguntar estabas convertido en mujer.

—Bueno, eso es cierto. Aunque admito que es un pervertido, tiene una aura poderosa —dijo Ranma y se fue directo a ver al maestro Happosai.

Abriendo la puerta de golpe, Ranma entró:

—Maestro, quiero saber algo...

—¿Qué? Oooy, Ranma, ¿cómo te atreves a interrumpirme? —Y con un ligero movimiento de su pipa, Happosai mandó a Ranma a volar. Afuera seguía lloviendo.

Una vez que Ranma hubo cambiado a su forma masculina, le preguntó a su Papá y al Sr. Soun.

—Es extraño, pero durante el día he estado sintiendo una presencia extraña. ¿No saben ustedes algo? Recuerden que lo mismo pasó cuando apareció ese viejo libidinoso.

—Eehh, no sabemos a que te refieres, Ranma —comentó Soun, dándole a su voz un tono de perplejidad.

—Es verdad, Papá —intervino Akane—. No será que aparecerá otro tipo igual al maestro Happosai.

—¿Qué? Es cierto, siento una presencia conocida —gritó Happosai, saliendo de la otra habitación, donde planchaba y acomodaba su adorada colección—. Eso quiere decir que uno de mis amigos viene a divertirse conmigo, jija. Hace mucho que no nos reunimos. ¡Viva!

—Lo que nos faltaba, soportar otro viejo como éste —se quejó Ranma.

—Oiga, maestro Happosai, ¿todos sus amigos están tan llenos de energía como usted? —preguntó, cándidamente, Kasumi.

—Sí, todos tenemos técnicas similares. Además de que nos entendemos a la perfección, ya que...

—Claro —interrumpió, Ranma—, a todos les gusta robarle a las chicas sus prendas.

—Ranma, no le faltes el respeto a tu maestro.

—Bah, sólo digo lo que es. —Ranma se paró y se dirigió al Doujou, y dijo, más para sí que dirigiéndose a los demás—: Sé que algo extraño está pasando.

—Ya está la cena —anunció Kasumi, y se sentaron a la mesa.

—Akane, ¿puedes ir por Ranma? —preguntó Kasumi.

—Está bien —contestó Akane, no muy conforme.

—Ranma, ya está la cena... —Al ver que no la oía y que su mirada se perdía en el horizonte—: Oye, ¿estás bien?

—Eh, ¿quién? Akane.

—Veo que no te puedes quitar eso de la cabeza —dijo Akane, parándose a un lado de él y fijando su mirada en la misma dirección.

—No, sé que eso, como tu lo llamas, proviene de allá —señaló hacia el Norte de Nerima—. Sabes —titubeó—, he estado pensando en ir a ver que es.

—No, Ranma, puede ser peligroso. El aura es muy fuerte y maligna. No sabes qué puede ser.

—Ya lo dijo el maestro, a lo mejor es uno de sus amigos; no pasará nada.

Akane, espantada, no pudo articular palabra alguna. Sólo observaba como Ranma tomaba y guardaba unas cuantas cosas que había seleccionado para su exploración.

—Bueno, Akane. —Habló de repente, lo que la asustó—. No creo tardarme demasiado, pero quizás tenga que pasar la noche afuera. —Al ver que ella sólo asentía con la cabeza—: Me voy, por favor explícale a los demás.

Dispuesto a retirarse, en el momento en que iba a cruzar la puerta, para saltar al tejado, Akane dijo:

—Espera, Ranma...

—Sí, ¿qué pasa, Akane? —espetó Ranma, quedándose parado, sin voltear. Akane se acercó y tomando su mano derecha entre las suyas le dijo:

—Cuídate, puede ser peligroso.

—No te p... —No pudo terminar la frase; sólo movió afirmativamente la cabeza y la miró a los ojos. Gracias Akane, pensó.

Ella estaba a punto de comenzar a llorar. Le soltó la mano, se puso de espaldas a él y gimió:

—¡Bueno, ya vete!

Ranma estuvo a punto de contestarle rudamente, pero sólo la miró y salió a la lluvia, saltando al tejado. El impermeable que llevaba evitaba que se convirtiera en chica.

Akane sólo volteó y se quedó mirando en dirección hacia la que se iba saltando Ranma. No sé que será lo que te espera, pero parece ser peligroso. Ten cuidado, querido, por favor; eran sus pensamientos.

 

Fin del capítulo

 

 
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Ultima actualización:  16/12/01