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Desde el Otro Lado del Río

un fanfic de Ranma ½
por Koji

Ranma ½ y personajes mencionados en este texto son Copyright © Rumiko Takahashi.


Capítulo 4: Danza Eterna


1. Tú y Yo

¿Sabes?, hace varios años, cuando era pequeño —aunque no lo suficiente como para todavía quedarme en casa sin salir, con miedo a perderme—, viví unos pocos meses en Kagoshima, frente a

un río que avanzaba cerca de la costa sur de la isla. El río era bastante ancho, y todavía me acuerdo de que, tan sólo para cruzar hasta el otro lado, debía caminar casi un kilómetro hasta el puente más cercano, lejos hacia el poniente. Yo, donde solía estar, era en el lado del continente. Me gustaba sentarme junto al río, mirando las nubes del atardecer que se alargaban con los vientos altos, anaranjadas como el fuego. Y también veía gente, personas que iban a visitar el lugar, pero que estaban del otro lado, el lado al que yo no podía pasar.

Antes de conocerte a ti o a Akane, yo pensaba en el amor como algo que me costaría alcanzar. Y sigo pensando lo mismo.

Habían veces en las que miraba con tristeza las escenas de amor de parejas que yo no conocía, pero que, en ese momento, a la luz de un sol a punto de extinguirse, se veían infinitamente felices. Yo sentía algo de esperanza, porque me quedaba mucha vida por delante. Pero me sentía tan solo...

Hace un año, justamente cuando tú caíste en la maldición del collar, y, no sé si recuerdas, cuando me encontré con un guerrero, un excepcional guerrero..., fui vencido. Su habilidad superaba a la mía sorprendentemente, no de la manera en que Ranma me supera, sino que mucho más. Esa batalla, o, mejor dicho, el fin de esa batalla, me dijo que existe un destino que está pensado para cada uno de nosotros. Ese hombre que me derrotó, aunque creas que suena tonto, me pareció la figura del destino hecha humano. Fue una batalla tan brutal, tan improvisada, que estoy seguro de que no tiene más motivo que el de hacerme seguir la pista por la que se supone yo debo andar. Cuando me venció entré a un estado que me hizo reflexionar mucho, estoy seguro, aunque no lo recuerde con exactitud.

Yo, desde ese día, me resigné. Y tú también, aunque no te hayas dado cuenta. Cuando yo te beso, lo hago en consuelo, porque tú serás mi Akane y yo seré tu Ranma en esos breves segundos, y pretenderemos ser tan felices como ellos lograron serlo.


2. Noche y Luna Llena

El okonomiyaki-ya había cerrado hace mucho. Más aún, ya era de madrugada. Pero ella todavía estaba en pie. Por alguna razón, Ukyo no se podía quitar una extraña sensación del pecho, aunque ya no la relacionaba con su matrimonio de hace tres días, ni con Ryoga cayendo al coma.

No podía evitar hacer crujir las tablas del piso del cuarto, pero ya había dejado de alarmarse. No creía que Ryoga realmente despertara. Sus pasos eran lentos mientras caminaba entre las mesas y sillas del comedor, mirando todo alrededor con una vaga melancolía desde el rincón de su cabeza. No había más luz que aquella de la luna a través de las ventanas, pero sus ojos podían verlo todo con suficiente claridad. Por unos segundos fijó su atención en una cortina que flameaba con la brisa, y por unos segundos pensó en Akane. Akane sacudió la cabeza; estaba segura de que Ukyo estaba bien, dentro de lo posible. Siguió caminando. Miró el televisor y dudó, pero sólo instantes, porque, si bien sus pasos no iban a despertar a Ranma, aquello sí lo haría. Era igual; la televisión habría sido una distracción insignificante en el momento. Entonces salió al pórtico, donde una luna llena la recibió con una sonrisa. Ella se la respondió.

Mientras estaba detenida frente a la ventana, Ukyo escuchó algo que sonaba como el crujir de sus pasos al caminar por el comedor. Y pasos eran. Volteó, abandonando la sonrisa. Ahí encontró a Ryoga, que parecía un poco confundido, seguramente por lo que obviamente tendría que ser. Akane no dijo nada, solamente sonrió un poco de nueva cuenta. A Ranma, como a la luna. Entonces se miraron unos segundos, con perezosos pensamientos pasando uno tras otro frente al escenario de sus mentes. Ryoga respondió la sonrisa, sin llegar a saber por qué lo hacía, y sin pensar en qué hacían ambos ahí, parados uno frente al otro, con miradas en blanco. Ranma sintió un impulso, y le tomó la mano lentamente. La acarició, puso sus ojos curiosos en ella sin saber qué hacía él, ahí, en medio de la danza de pensamientos, que se tornaba cada vez más floja. Ukyo no hizo nada para alejar a Ryoga, que después de haberle tomado la mano se le acercaba a abrazarla. Entonces lloró en su hombro, y sus cabezas empezaron a girar y a espantosamente unirse en un desfile de emociones, una danza eterna. Ranma empezó a besar el rostro de Akane, a tocarle el pelo, a moverse por su cuerpo, mientras Ukyo no resistía, y lloraba, y poco a poco empezaba a unírsele.


3. Desde el Otro Lado del Río

Con los primeros rayos del amanecer lo comprendí todo. Acostado en tu cama, tú a mi lado, y yo con todo lo de esa noche latiendo en mi cuerpo. Tenía esa sensación de... haber cumplido. Y se sentía bien. Quizá incluso mejor que la felicidad que pude haber obtenido si me quedaba con Akane. O con Akari, pero, tú sabes, ella es otra historia.

La felicidad no lo es todo en este mundo. No la hemos sacrificado sin motivos, no, eso jamás. Hemos hecho lo correcto, Ukyo.

En este teatro de sueños compartimos una eternidad, viviendo en dos mentes. Estamos unidos por un hilo sin fin, imposible de romper...

Entonces estamos ahí, como en Kagoshima, a un lado del río, pero miramos al otro y vemos todo lo que queríamos para nosotros, vemos a Akane y a Ranma juntos, y sabemos que ahí es donde nuestros corazones quieren estar. Todo lo que hacemos hoy, y lo que haremos mañana, es desde el otro lado del río.

 

Fin

 

 
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Ultima actualización:  16/12/01